20 de febrero de 2014

El cielo en mis ojos



el cielo en mis ojos
vidriosos de contemplar
brillantes y estirados reflejos musicales
pasean en el viento
como las ranas en su croar

pasean
me prendo en letras cálidas
y aparezco en esos líos
esos que esperan ser contados
esos que insisten en ser contados
como cada historia de amor

en presencia de su ausencia estoy
en sueños renovados
en lluvia de sus aromas
y en luciérnagas distraídas
por su luz

me prendo en sus remolinos
que hicieran acariciarla
me prendo a sus mejillas
que están aquí
bajo este cuero sediento
en secretos dormidos

y saltan sus voces
que vienen diciendo
no lo olvidaré.

y allí se funden
allí nos fundimos
allí
en el lienzo pleno de las miradas
en la sonrisa de las palabras
en el dulce silencio de su paz 

el cielo en mis ojos
pasea

me prendo en letras cálidas
me escudo en el sonido
para esconderme del tiempo
para no extrañarla

pero comprendo
que el miedo es el frío
y que el amor el sol

y que los astros dibujan
por no querer dormir
y que sueñan despiertos
para volverla a ver

en presencia de su ausencia estoy
en presencia de su rareza
ese encanto difícil de escribir

el cielo en mis ojos
pasea

pasea dormido en alas de sol
pasea dormido porque no teme
pasea soñando
y a veces despierta en su raíz.

el cielo en mis ojos
llueve profundo
la piel verdosa de su mirar.

  




27 de diciembre de 2013

Aturdido



Aturdido por el silencio de cuerpos apilados,

apilados en apiladeros de concreto,

de rígido concreto,

apilados y amuchados,

ruidosas capaz de silencio entorpecen mi descanso.



Descalzo con los pies en la gotera,

con la sucia y clara compañía de los dioses,

de los dioses del concreto,

dioses apilandos, cuerpos aturdidos y en silencio,

descalzos y sedientos,

aturdidos y apilados en jaulas, en celdas, vigilados y confundidos,

risueños algunos, seriotes los más.



Hijos, primos, nietos, 

tíos, sobrinos, padres,

suegros, hermanos, madres, huérfanos,

todos apresurados – huyendo del tiempo,

agitados, extasiados, agotados, otros felices,

cuerpos presentes, tientas de letras,

veloces caprichos intactas vidrieras,

ilusas caricias en tristes siluetas,

miren no miren, suelten sostengan,

abran, aprieten y así soporten.  

8 de diciembre de 2013

saltos de mí




mis sueños

y los tuyos

pasearán en vela

desnudos

en una noche de estrellas 

mis lagrimas

y las tuyas

se abrazarán en caricias 

riendo

y cantando 

bajo una absurda lluvia de voces 

16 de julio de 2013

El Dios “Cerdito”


El Dios “Cerdito”
La enajenación de un espíritu


Despertó caprichoso el Dios “Cerdito” y comentó:
Han estado ultrajando mi espíritu, yo lo he permitido.
Han de rebuscarse para hacerme enfadar, he sido lo suficientemente permisivo.
Han enfermado mi cuerpo y mi alma también, he sido complaciente.
Justificó sus dichos, jadeante como agitado por sus ideas.
Incrédulo pero voraz, como embelezado por sus pensamientos, continuó:
Monstruos!!! Pensó.
Quiero traerlos a todos aquí y empalar sus corazones con palabras. Usar palabras que patrones usan con sirvientes para lacerar cada rincón de sus inútiles cuerpos.
Soy un amo. Soy mi amo y el de todos. Como es que me tengo que enfadar. Los amos no se enfadan fácilmente.
Vayan y traigan, mandó a unos siervos. Cojan todo el lodo y el estiércol que encuentren, no vuelvan sino con carretilladas y carradas de estiércol y lodo. Traigan también, osamentas, desperdicios, frutas podridas, huesos frescos, tripas, mierda, cuero, sangre coagulada o líquida, da igual. ¡¡¡Traigan todo. Maten si acaso fuera necesario, pero háganme caso.!!! Gritó, enfermo de ira.
Ciervos, fieles y algunos lamebotas salieron a los caminos.
El Dios Cerdito blasfemaba, revolcándose en unos pastos secos que acolchonaban una majestuosa piedra. Días pasaron. Días enormes.     
Al regreso. ¿Y? preguntó a uno de los serviles. No hemos dado precisamente con lo que pidió. El Dios Cerdito observó. Observó como observan los espíritus que mandan a buscar algo en especial. Examinó lo recolectado, lo robado, lo ultrajado, lo asesinado por su ambición, por el desprecio que justifica cualquier acción.  
Y se lanzó.
Se lanzó a eso que otros dioses no se lanzarían jamás. A esas bellas tempestades. A esas sabrosas osamentas. A esas sopas putrefactas que aman bañar los cuerpos de cerdos usureros y verdugos. A esas que pertenecen a otros espíritus. ¡A esas! A esas, se lanzó.
El Dios Cerdito y ellas se abrazaron, se estrecharon, se fundieron, se estremecieron. 
El Dios Cerdito cándido, jocoso incluso frenético, alardeaba. El júbilo de sus tripas, de su asqueroso aspecto inframundista, robó la dinástica esencia de sus dioses.
El Dios Cerdito despojado, escéptico, pavoroso y desnudo. Desnudo de júbilo. Desnudo de su propia desnudez. Desnudo, de toda desnudez posible, amó y embelleció. Se sintió unido a sí. Se ocupó de esas pasiones y se volvió a lanzar.
Y se volvió a lanzar una y otra vez, como no podría ser de otra manera, cuando uno se ocupa de sus pasiones.
  


29 de mayo de 2013

la palabra inexistente





Cada vez que ensayaba una explicación.
Una sórdida e indecisa respuesta o fundamentación.
Cada vez que podía llegar a estar sentado entre unas letras distraídas, inconexas y pasibles.
Cada vez se hacía más obtusa, más errante, más lejana.
Cada vez volvía con la vista a palabras que seducían de alojarme porque había caricia en sus miradas.
Cada vez me decían, una y otra vez. Buscaba con paciencia pero con vigor. Con prisa pensada. Pero aún así, no aparecía. Buscaba.
Eso incontrolable que me habla. Que me mueve. Que me siente.
Que se me escapa, en algún lugar de cada una de las palabras que conozco y conocí.
Eso que será, si puede ser, no aparecía.
Todo ello se buscaba en si mismo. Esa indomable sensación de intentar siempre hacer algo distinto. Ese silencio colmado de colores, ese vacío repleto de sonidos, ese pedazo de universo preñado de vida, esa oscuridad que se mira al espejo cuando la luz se ausenta.
Eso que conecta mis sueños y a su vez los despabila. Eso que se sabe retirar en ocasiones especiales. Esa mirada que no alcanza a mirarse. Eso que anda por ahí, pero por ningún lado. Esa sensación antojadiza de creer saber de a ratos lo que se busca. Esa herida que es sangre y también universo.
Esas, esos, estos y aquellos, esa que hoy hizo mirar algo nuevo, esa que se estiró al punto de rasgar la ilusión de mis pupilas.
Esa, a lo mejor no exista.



     



¿mear ansiedad?

antes de terminar de mear tiro la cadena corre el agua me ayuda a seguir meando sigo y veo el agua del inodoro sigue...